El Nuevo Orden Mundial: Tradición vs. Conectividad

Un análisis sobre la transición entre la estabilidad institucional y la volatilidad de las nuevas redes.

Vivimos en un momento donde los cambios del mundo son tan rápidos y visibles que el escenario global parece estar rediseñándose frente a nuestros ojos. Hoy, la pregunta no es si el orden mundial cambiará, sino qué tan preparados estamos para lo que ya está aquí.

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El quiebre: Cuando lo sólido se vuelve incierto

Durante gran parte del siglo XX, las Relaciones Internacionales se construyeron sobre estructuras permanentes: tratados sólidos, burocracias pesadas y bloques geográficos fijos. Ese era el “mundo sólido”. Sin embargo, en la actualidad, esas estructuras se están agrietando. Lo predecible ha dado paso a lo incierto. La tecnología y la inmediatez han actuado como un solvente, “derritiendo” la vieja arquitectura diplomática.

El repliegue de las potencias tradicionales

Para entender el presente, hay que observar el giro de Estados Unidos. Tras décadas de impulsar las grandes instituciones globales como la ONU, el país parece haber decidido que esas reglas del pasado ya no sirven a sus intereses actuales.

Hoy vemos a un Estados Unidos mucho más práctico y directo, que actúa como un jugador que prioriza su propia seguridad y ventaja tecnológica por encima del consenso global. Este alejamiento de los acuerdos multilaterales no es un descuido, sino un cálculo estratégico para recuperar libertad de maniobra. Sin embargo, esta postura unilateral genera tensiones incluso con sus socios históricos, marcando una distancia con el modelo de cooperación que ellos mismos diseñaron.

Los nuevos protagonistas del equilibrio mundial

Mientras las antiguas potencias se vuelven más selectivas o cerradas, el vacío de poder está siendo ocupado por países que emergen como nuevos socios clave a nivel mundial, con agendas propias y una gran capacidad de adaptación:

Portugal: Se consolida como un punto de conexión fundamental. Su estabilidad y su apuesta por la infraestructura digital lo convierten en un puente esencial entre continentes, ofreciendo una plataforma segura para el flujo de datos y energía.

India: Representa el auge de la autonomía estratégica. Es un actor que ya no se alinea con bloques fijos, sino que negocia de forma directa con todos los sectores, demostrando que el poder hoy fluye hacia quienes tienen mercados masivos y capacidad de decisión propia.

México: A pesar de las tensiones diplomáticas actuales con el norte, México se reafirma como un nodo estratégico de la producción global. Su valor reside en su posición geográfica y en ser un socio indispensable para las nuevas cadenas de suministro que buscan seguridad frente a la incertidumbre.

El desafío humano: La dificultad de adaptarse

Esta transición de lo “sólido” a lo “volátil” tiene un impacto social inmenso. Mientras el poder fluye a través de conexiones exclusivas, existe una gran parte de la población a la que le cuesta procesar la velocidad de estos cambios.

Para muchas personas, acostumbradas a la seguridad de aquellas antiguas estructuras permanentes, ver cómo el mundo se rediseña día a día genera incertidumbre. La transición será difícil; mientras algunos logran navegar la nueva conectividad, otros directamente no logran entender un sistema donde lo que antes era predecible hoy es totalmente incierto.

Conclusión: Un mundo en movimiento

Estamos presenciando el fin de una globalización sólida y el inicio de una mucho más selectiva. El Nuevo Orden Mundial no se está negociando en una oficina, sino que se construye a través de decisiones estratégicas diarias.

El reto actual no es solo entender quiénes son los nuevos socios en este mapa, sino cómo acompañar a una sociedad que intenta no quedar atrás en este cambio de era. Por ahora, solo nos queda sentarnos a observar con atención; el mundo está cambiando tan rápido que el futuro está pasando justo frente a nosotros.

Por Gabriela Alfonzo – Febrero de 2026

Para seguir profundizando: Este artículo se apoya en informes y análisis de organismos internacionales y centros de pensamiento especializados en geopolítica, como el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), que analizan el repliegue estratégico de las potencias tradicionales. Asimismo, integra el reciente Panorama Económico Mundial (WEO) del Fondo Monetario Internacional (FMI), que advierte sobre la fragmentación geoeconómica y el ascenso de economías emergentes como motores del crecimiento global para 2026.

También se incluyen reportes de Eurasia Group sobre el nuevo orden mundial y la incertidumbre política, datos sobre la emergencia de socios estratégicos como India y México, y reportes de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU) tras la Cumbre de Resiliencia de Cables Submarinos 2026 en Oporto, que consolidan a Portugal como el nodo neurálgico de la conectividad entre Europa, África y América. Finalmente, se incorporan análisis sociológicos sobre la modernidad líquida de Zygmunt Bauman, examinando cómo el impacto de la incertidumbre y la volatilidad están redefiniendo el nuevo orden social de 2026

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El nuevo muro invisible: algoritmos que controlan el movimiento humano

La inteligencia artificial ya influye en el control migratorio, las fronteras y el asilo. Análisis de riesgos, oportunidades y dilemas éticos de la IA en la movilidad humana.

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Introducción

La migración siempre ha sido un fenómeno profundamente humano: personas que se desplazan en busca de seguridad, oportunidades o dignidad. Sin embargo, en los últimos años comenzó a emerger un actor silencioso que está transformando este proceso desde sus cimientos: la inteligencia artificial (IA).

Mientras el debate público continúa centrado en fronteras físicas, visas y políticas tradicionales, los algoritmos ya intervienen en decisiones clave que afectan la vida de millones de personas. Lo más inquietante es que este cambio avanza en ámbitos donde la transparencia es limitada y las implicancias éticas aún no han sido plenamente discutidas.

Este artículo propone abrir esa conversación: ¿cómo está modificando la IA la movilidad humana? ¿Qué oportunidades ofrece? ¿Qué riesgos introduce? Y, sobre todo, ¿por qué es urgente incorporarla al debate migratorio actual?

Fronteras inteligentes: cuando la tecnología decide quién puede cruzar

Cada vez más países implementan sistemas de control migratorio basados en inteligencia artificial, entre ellos: reconocimiento facial y biométrico en aeropuertos, algoritmos que predicen comportamientos considerados “riesgosos”, sistemas automatizados de verificación de identidad, entrevistas virtuales que analizan patrones de voz o microexpresiones.

Estas tecnologías prometen agilizar procesos y reforzar la seguridad, pero plantean un dilema central: ¿puede un algoritmo decidir quién es confiable y quién no?

Diversos estudios han demostrado que los sistemas de reconocimiento facial presentan tasas de error más altas en personas racializadas (discriminadas por su origen o apariencia), mujeres y comunidades vulnerables. En el contexto migratorio, un error tecnológico no es un simple inconveniente administrativo: puede significar la denegación de entrada a un país, la separación de una familia o la deportación injustificada.

Algoritmos que clasifican personas: el nuevo perfilamiento automático

Algunas agencias migratorias ya utilizan IA para asignar puntajes de riesgo, priorizar solicitudes de asilo o detectar supuestas inconsistencias en entrevistas. Este enfoque introduce al menos dos problemas estructurales:

Sesgos invisibles.
Si los datos utilizados para entrenar los algoritmos reflejan prejuicios históricos —por ejemplo, asociar determinadas nacionalidades o perfiles socioeconómicos con mayor riesgo— la IA no corrige esas desigualdades: las amplifica y automatiza.

Falta de apelación humana.
Muchas decisiones automatizadas no explican por qué una persona es clasificada como “riesgosa”. Sin justificación clara, sin revisión humana y sin mecanismos efectivos de apelación, la opacidad tecnológica puede resultar devastadora en materia migratoria.

La inteligencia artificial como herramienta humanitaria

No todo es riesgo. Utilizada de forma ética, la IA también puede salvar vidas.

Organismos internacionales y agencias humanitarias ya emplean estas tecnologías para: predecir rutas migratorias peligrosas, anticipar crisis humanitarias y desplazamientos forzados, identificar zonas con alto riesgo de conflicto, optimizar la distribución de ayuda humanitaria, mapear comunidades afectadas por el cambio climático.

En muchos casos, estas herramientas permiten responder con mayor rapidez y eficacia que los métodos tradicionales. La clave reside en que su implementación esté guiada por principios éticos claros y supervisión humana constante.

IA y refugiados: ¿quién obtiene protección en el futuro?

Algunas propuestas plantean utilizar inteligencia artificial para analizar patrones en solicitudes de asilo y acelerar los procesos de evaluación. Sin embargo, surge una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con las personas cuyas historias no encajan en los modelos creados por la máquina?

La experiencia humana del desplazamiento —el trauma, la persecución, la pérdida— no siempre puede cuantificarse. La IA puede ser una herramienta de apoyo, pero no puede ni debe reemplazar el criterio humano, la empatía y la sensibilidad que estos casos requieren.

Soberanía de los datos: el nuevo eje geopolítico

En el siglo XXI, los datos se han convertido en una forma de poder. Quien controla los sistemas de inteligencia artificial controla también información migratoria extremadamente sensible a escala global.

Esto abre debates inéditos: ¿qué Estados o empresas tendrán acceso a datos biométricos de millones de personas?, ¿cómo se garantizará la protección de esa información?, ¿qué sucede si esos datos se filtran o se utilizan con fines políticos o de vigilancia?.

La geopolítica del futuro estará marcada, en gran medida, por la disputa en torno al control de los datos migratorios.

Conclusión

La inteligencia artificial ya está transformando la migración, aunque todavía no comprendamos plenamente su alcance. Desde las llamadas fronteras inteligentes hasta los sistemas que influyen en decisiones de asilo y protección internacional, la IA se ha convertido en un actor central del panorama migratorio contemporáneo.

Si bien ofrece oportunidades reales para mejorar la gestión y anticipar crisis, también introduce riesgos éticos, discriminatorios y geopolíticos que no pueden ser ignorados. Humanizar la tecnología, exigir transparencia y garantizar que las decisiones más sensibles mantengan supervisión humana efectiva serán algunos de los desafíos clave de los próximos años.

La migración del futuro no será solo un movimiento de personas: será también un movimiento de datos, algoritmos y decisiones automatizadas. Comprender este nuevo escenario es el primer paso para construir políticas migratorias más justas, responsables y humanas.

Por Gabriela Alfonzo – Enero de 2026.

Para seguir profundizando: Este artículo se apoya en informes y análisis de organismos internacionales como las Naciones Unidas, ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), así como en reportes de organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch, la Electronic Frontier Foundation y Médicos Sin Fronteras, que analizan el impacto de la tecnología, los sistemas automatizados y los conflictos en la movilidad humana.

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