Un nuevo año, las mismas heridas abiertas

Este artículo nace de la necesidad de no naturalizar el dolor ajeno en un mundo que avanza sin cerrar sus heridas.

El comienzo de un nuevo año suele traer consigo la ilusión de un inicio distinto. Nuevas expectativas, balances personales y deseos de cambio se mezclan con la idea de que algo puede ser mejor. Sin embargo, el mundo no se reinicia con el cambio de calendario. Las crisis continúan, las desigualdades se profundizan y muchas heridas siguen abiertas. Empezar un nuevo año también implica animarnos a mirar esa realidad de frente y preguntarnos qué estamos dispuestos a naturalizar —y qué no—.

Escucha el resumen de este artículo narrado por la autora:

Infancias desprotegidas en un mundo cada vez más desigual

Entre las realidades más dolorosas que persisten se encuentra la situación de millones de niños y niñas que crecen sin acceso a condiciones básicas de protección. El hambre, la pobreza extrema y la falta de oportunidades siguen marcando la infancia de quienes nacen en contextos atravesados por la desigualdad estructural. Allí donde debería haber cuidado, educación y seguridad, muchas veces solo hay carencias y abandono.

La infancia continúa siendo uno de los sectores más vulnerables frente a las crisis económicas, políticas y sociales. Y, aun así, su sufrimiento suele quedar diluido en estadísticas que no siempre logran reflejar la dimensión humana de lo que ocurre.

Conflictos, víctimas invisibles y crisis que se prolongan

A este escenario se suman los conflictos armados y las tensiones políticas que no  encuentran resolución. Las guerras y enfrentamientos dejan un saldo creciente de víctimas civiles, desplazamientos forzados y comunidades enteras marcadas por el miedo y la incertidumbre. Con el paso del tiempo, estas crisis se prolongan y pierden visibilidad, como si el dolor se volviera parte del paisaje.

Cuando la violencia se vuelve constante, las víctimas corren el riesgo de transformarse en cifras, y la urgencia humanitaria en una noticia más. Sin embargo, detrás de cada conflicto hay vidas interrumpidas, proyectos truncos y una cotidianeidad atravesada por la pérdida.

Migrar para sobrevivir: la desesperación de quienes buscan un futuro

En este contexto, la migración forzada aparece como una consecuencia inevitable. Millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares en busca de seguridad, alimento o una mínima posibilidad de futuro. Migrar no es una elección libre, sino una estrategia de supervivencia frente a escenarios que ya no ofrecen alternativas.

El recorrido de quienes migran suele estar marcado por la precariedad, la exposición a múltiples riesgos y, muchas veces, por el rechazo. En lugar de ser recibidas con empatía, estas personas enfrentan fronteras cada vez más cerradas y discursos que las deshumanizan, olvidando que nadie deja su hogar sin una razón profunda.

La ayuda humanitaria como derecho, no como privilegio

Frente a estas realidades, la asistencia humanitaria cumple un rol fundamental. Sin embargo, en distintos países y regiones, el accionar de las organizaciones humanitarias se ve cada vez más limitado por condiciones políticas, ideológicas o administrativas.

Limitar el accionar de las organizaciones humanitarias no es una decisión neutral. Allí donde la ayuda no llega, el vacío se traduce en mayor vulnerabilidad, más sufrimiento y menos oportunidades de protección. Cuando no se permite ayudar, las personas que más necesitan asistencia quedan expuestas a un abandono total. La ayuda humanitaria no debería ser un privilegio negociable, sino un derecho básico para quienes se encuentran en situaciones extremas.

No acostumbrarnos a las heridas abiertas

Tal vez el mayor desafío de este nuevo año no sea encontrar respuestas inmediatas, sino no perder la capacidad de sentir. No acostumbrarnos al dolor ajeno ni aceptar como normal un mundo donde la desprotección y la desigualdad se profundizan.Mirar estas realidades de frente no implica resignarse, sino asumir una responsabilidad ética. Porque comenzar un nuevo año también puede ser una oportunidad para reafirmar la sensibilidad, cuestionar la indiferencia y recordar que un mundo más justo empieza, muchas veces, por la decisión de no mirar hacia otro lado.

Gabriela Alfonzo — Enero de 2026


Para seguir profundizando: Este artículo se apoya en el análisis de tendencias estructurales y reportes de derechos humanos de la ONU y UNICEF. Si deseas conocer más sobre los datos que sostienen esta mirada, te invito a explorar los portales de datos de ACNUR (migración y refugio) y los testimonios de Médicos Sin Fronteras sobre las consecuencias humanas de los conflictos actuales.

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